Sé por tus marcas... cuanto has dejado
Sólo con el corazón se puede ver bien...
Lo conocí extrañamente, en esas ocasiones en que uno busca platicar con alguien ajeno a nuestro mundo.
Con el tiempo las cosas se transformaron hasta que nos encontramos, todavía me parece increíble, irreal; mi mente se llena de preguntas, de respuestas.
Cuando platicamos descubro más de él; pero con sus silencios comprendo con quien estoy. Los tiempos se entrelazan y sé que sigue siendo su pasado, que su presente puede parecer distante, ajeno... pero, sin testigos es cercano, sensible.
Sus ojos, a veces tristes, me han enseñado que el universo conspira, que los momentos inesperados son los que mantienen viva nuestra capacidad de asombro, que a veces callar... también tiene magia.
Con él las causas me fueron cercando, cotidianas, invisibles y el azar se me iba enredando, poderoso, invencible.
Dice Juan Villoro: "El fútbol vendió nuestra infancia" y si la infancia de la persona que me hace escribir este post pertenece a ese mundo futbolero, y no sólo esa etapa de su vida porque en su presente el fútbol tiene sus cariños, sus verdades.
No necesitamos palabras; yo sé por sus marcas lo que ha dejado, lo que ha amado; reconozco sus pasiones, sus esperanzas.
No tengo dudas, no espero nada... me quedo con lo que es invisible para los ojos, con las personas que como "El hombre y el agua" sólo te llevan a dar las gracias por la oportunidad de continuar y reconocer que lo mejor siempre es el paso siguiente.

